1/IRecital 2/ Juan Terranova, Los hermanos
eléctricos 3/Recital 4/Hermanos
Grimm, Hans enamorado 5/César
Bandin Ron, Poemas Visuales 6/IRecital 7/Una novela de mil páginas, capítulo
39 8/Recital 9/Marcelo Tomé, Collages
10/Audiciones
Mardafones (con
audio mp3 en Castpost) 11/Ana
Camusso: Little Mondo 12/Visiones Mardafones,
Ventilardo(corto de animación)
Roja Clarisa, banda de rock trunco, presentó su segundo CD,
"Al borde del margen", con un recital en la sala Del Magro, ante escaso
público.
Doce temas tocados con un exceso de velocidad que perjudicó la perfomance
de los músicos, ya sea el cantate Arregui Primero, que pisaba las palabras
y hasta se mordió la lengua, ya sea el guitarrista Félix Acuña que a falta
de maña puso fuerza y así le fue. Pero la responsable principal del desbarajuste
fue la base, compuesta por el bajista Víctor Pronovo y el baterista César
Alfasi, la cual se reveló como la auténtica promotora de la aceleración
que no pudieron soportar sus compañeros, y tampoco ellos mismos. Es una lástima,
porque el el disco, si bien las composiciones no son nada extraordinario,
y las interpretaciones son apenas correctas, al menos se nos presentan con
el sonido que caracteriza a los cultores de este género que, de por sí,
y en esto creo que hay acuerdo, no es el más lúcido, ni mucho menos.
De entre todas las formas que hay de morir ajusticiado –para citar
sólo algunas nombraremos la asfixia, la hoguera, el aplastamiento, el garrote
vil, la cámara de gas, el fusilamiento, la horca, el empalamiento, la decapitación,
el desmembramiento, la inyección letal y la lapidación–, sin duda, la más
cinematográfica es la silla eléctrica. En Internet aparece una modalidad
que se llama "Muerte por mil cortes". Se le dan pequeñas dosis de opio al
condenado y se le hacen mil cortes al azar en el cuerpo hasta que el final
sobreviene por desangramiento. Por supuesto, es un invento chino. Pero la
silla la supera. En todo caso, la muerte por mil cortes es una telenovela
larga, un culebrón, que uno mira ya más por costumbre que por otra cosa.
La silla eléctrica es una descarga. Sin espacio para cortes publicitarios,
el espectador se sienta en la butaca y la descarga de adrenalina le recorre
el cuerpo como el chasquido de una látigo. No hay punto de comparación.
2.
El rival más duro que tiene en el terreno del cine la silla eléctrica
es la crucifixión. Pero termina por vencerla. La silla gana simplemente
por eléctrica. Para la crucifixión quedan los oleos perfectos del renacimiento.
Y todos en paz.
La primera silla eléctrica la inventó un tipo que se llamaba Harold
Brown y era empleado de Thomas Alva Edison. Edison lo había contratado para
investigar el tema de la electrocución. Ya que Brown trabajó para Edison,
y Edison promovió el trabajo, el invento de la silla eléctrica a menudo
se adjudica, no tan erróneamente, al propio Edison. El diseño de Brown estaba
basado en la corriente alterna, la cual aparecía como la alternativa a la
corriente continua, desarrollada por Edison pero menos eficiente en lo que
se refiere al transporte y la distribución.
3.
En 1886 el estado de Nueva York organizó un comité para determinar
un nuevo sistema de ejecución. El nuevo sistema tenía que ser más humano.
La horca, vigente hasta ese momento, resultaba un tanto primitiva. Cuando
se habló de la posibilidad de suministrarle energía eléctrica al condenado,
ni Edison ni Westinghouse quisieron que se eligieran sus sistemas porque,
comprensiblemente, temían que eso desprestigiara sus productos. Con criterio,
tanto Edison como Westinghouse comprendían que los consumidores no aceptarían
tener en su casa el mismo tipo de corriente eléctrica que servía para matar
criminales.
Para demostrar que la corriente alterna era mas útil para las ejecuciones,
Brown, el empleado de Edison, mató con sus prototipos varios animales, incluyendo
al elefante de un circo. La muerte del elefante debe haber sido algo digno
de verse, algo horrible, conmovedor. ¿De dónde sacó un elefante Brown?
¿Lo compró, lo robó, logró que alguien lo donara? ¿Qué hicieron con el
cadáver? ¿Cuánta electricidad se necesita para electrocutar a un elefante?
El 5 de junio 1888 del mismo año, el mismo Brown, presentándose como
inventor, firmó una larga carta dirigida al New York Post donde describía
la muerte de un chico que había tocado por accidente la línea del telégrafo
que funcionaba con corriente alterna. En la carta se recomendaba limitar
la transmisión a 300 voltios, lo que negaba algunas ventajas económicas.
Como puede verse, la guerra de la silla eléctrica era una guerra comercial.
4.
Brown ejecutó varios animales frente a la prensa para demostrar que
la corriente alterna estaba asociada con la electrocución. Sus experimentos
empezaron en el laboratorio de Edison en New Jersey. La técnica de Brown
era simple. Había hecho una silla en miniatura donde ataba a los animales,
por ejemplo, un gato, y después simplemente le aplicaba la corriente alterna
de Westinghouse.
El 6 de noviembre de ese mismo año, el candidato demócrata Grover
Cleveland ganó por el voto popular para perder luego en el colegio electoral
frente el republicano Benjamín Harrison. También se hizo una convención
internacional sobre el Canal de Suez, Brasil abolió oficialmente la esclavitud
y Jack, el destripador, se hizo famoso por sus seis crímenes en Whitechapel.
Las demostraciones de Brown fueron en aumento. El empleado de Edison
frió perros, liebres, caballos, vacas y hasta un orangután, éste último
en la ciudad de Albany. Una vez más, ¿de dónde sacó a un orangután? El pelo
del animal se prendió fuego. En algún momento lo de Brown se transformó en
algo muy parecido a una gira promocional. Había alquilado un camión y cada
vez que paraba en una ciudad medianamente importante montaba el espectáculo
de la electrocución. Algunas páginas en Internet aseguran que llegó a electrocutar
dos docenas de perros y más de cincuenta gatos.
Aparentemente los experimentos impresionaron a los funcionarios y
la silla eléctrica de corriente alterna fue adoptada por el comité en
1889. El inventó hizo su debut oficial al año siguiente.
5.
La primera ejecución en la silla fue la de un tal Ernest Chapeleau,
un francés nacionalizado estadounidense, encerrado en la prisión neoyorquina
de Sing Sing. No se sabe bien qué fue lo que ocurrió. Lo que se sabe es
que una falla hizo que Chapeleau se levantara de la silla con quemaduras
de tercer grado pero vivo.
El primer hombre que efectivamente murió en la silla eléctrica fue
William Kemmler. La ejecución se realizó en la Prisión Auburn en Nueva York
el 6 de agosto de 1890. Kemmler, un celoso verdulero cuarentón de origen
alemán que vivía en Búfalo, Nueva York, fue encontrado culpable de matar
con un hacha a su novia, Matilda Ziegler. La ejecución no fue el acontecimiento
limpio y civilizado que se esperaba, sino más bien todo lo contrario. Se necesitaron
dos descargas para cumplir la sentencia. George Wastinghouse dijo "Lo habrían
hecho mucho mejor con un hacha".
La primera mujer que fue ejecutada se llamaba Martha Place y el hecho
ocurrió en Sing Sing el 20 de marzo de 1899. Ese mismo año Bayer patentaba
la aspirina y en Sudáfrica comenzaba la guerra Anglo-Boer.
6.
Ohio adoptó la silla eléctrica en 1897, Massachusetts en 1900, Nueva
Jersey en 1906 y Virginia en 1908. La silla no tardó en imponerse como
el método de ejecución más usado en los Estados Unidos. Su reinado audiovisual
duró hasta mediados de los años ochenta, cuando entró en escena la cámara
de gas.
Un record grotesco se fijó la noche de julio de 1929 en que siete
personas fueron ejecutadas, una después de otra, en la Penitenciaria Estatal
de Kentucky en Eddyville. Se trató, sin duda, de la mayor electrocución
masiva y premeditada en la historia de los Estados Unidos. Uno de las principales
consecuencias que trajo aparejado este evento fue la reactivación de la
industria editorial muy castigada por la crisis económica. Los diarios y
revistas de la época que cubrieron el evento vieron crecer sus tiradas hasta
en un treinta por ciento. Esto hizo que varios periodistas no perdieran
su trabajo y algunos editores esperaran con ansiedad nuevas ejecuciones.
7.
Hay muchas anécdotas y leyendas urbanas alrededor del uso de la silla.
A menudo se dice que las ejecuciones secretas eran imposibles porque los
habitantes de las casas aledañas a las cárceles podían saber qué la silla
estaba siendo utilizada por la baja de tensión que se producían en ese momento.
Uno imagina la típica cena familiar americana y, de repente, todos prestan
atención al siniestro titilar de las lámparas que iluminan la escena. Pero
la anécdota es falsa porque las cárceles tenían sus propios generadores.
Los compraban usando a terceros ya que George Westinghouse se negaba a venderle
directamente a los directores de los funcionarios oficiales.
8.
León Czolgosz, un anarquista americano de origen polaco, que a principios
del siglo XX mató a William McKinley, vigésimo quinto presidente de los
Estados Unidos, disparándole a corta distancia con un revolver Iver Jonson
calibre 32, también terminó sus días en la silla eléctrica. "Creo que no
debemos tener dirigentes– había escrito Czolgosz—. Matarlos es justo. Soy
anarquista. No creo en el matrimonio sino en el amor libre."
9.
En 1953, también fueron ejecutados en la silla Julius Rosenberg y
Ethel Rosenberg, un matrimonio judío de Nueva York acusado de espionaje.
Julius murió a la primera descarga pero Ethel sufrió tres descargas antes
de perecer.
10.
El asesino serial Ted Bundy murió en la silla el 24 de enero de 1989.
11.
La silla eléctrica dejó de usarse cuando los legisladores decidieron
seguir avanzando en busca de métodos de ejecución más humanos. La inyección
letal se volvió popular.
12.
Después de que Texas adoptase la inyección letal como método de ejecución
en 1982, el uso de la silla eléctrica se redujo rápidamente. En el 2004,
los únicos lugares en el mundo que aún utilizaban la silla eléctrica como
una opción de ejecución eran los estados de Alabama, Florida, Nebraska, Carolina
del sur, Tennesse y Virgina. Con la excepción de Nebraska, donde se mantiene
como el único método de ejecución, en los demás estados los condenados
podían elegir entre la inyección letal y la silla eléctrica. La silla eléctrica
también fue usada, durante un tiempo, en las Filipinas. Pero no hay información
disponible al respecto.
13.
Según tengo noticias, la última vez que se usó la silla eléctrica
fue en mayo del 2004 cuando James Neil Tucker fue electrocutado en Carolina
del Sur. Para esa fecha, los Estados Unidos habían ejecutado a más de mil
personas, desde que la pena de muerte fue reintroducida en 1977.
14.
La silla funciona de la siguiente manera. Para garantizar una buena
electrocución, se coloca en la cabeza afeitada del recluso un electrodo
con forma de tapa de metal que contiene una esponja. Otro electrodo se
adhiere a su espina dorsal, para proporcionar un recorrido claro a la corriente
que atraviesa el cuerpo. Y un tercer electrodo se engancha en la pierna.
Las esponjas de los electrodos se humedecen con una solución salina. Las
extremidades se sujetan con tiras de cuero u otro material similar. Como
mínimo se aplica dos choques eléctricos durante varios minutos dependiendo
de la persona. El voltaje inicial de más o menos 2000 voltios sirve para
romper la resistencia inicial de la piel y causar inconsciencia. Después,
el voltaje se bajaba para evitar que el prisionero se queme. Se usaba un
flujo de corriente de ocho amperios. El cuerpo del condenado alcanzaba temperaturas
de 59°C y el flujo de la corriente eléctrica causaba daños severos a los
órganos internos.
En teoría, la inconsciencia llega en un fracción de segundo. Sin embargo,
sobran informes de víctimas cuyas cabezas se incendiaron. Pedro Medina fue
sometido en la prisión de Florida a tres descargas eléctricas y su cabeza
ardió como una antorcha. Hasta donde se sabe hoy, se trata del único condenado
a la silla en morir quemado vivo. Hay también anécdotas de transformadores
que dejaron de funcionar sometiendo a la víctima, que lloraba por el dolor
en el suelo del cuarto de ejecución, a esperar que se arreglara el problema.
En 1946, la silla eléctrica no mató a Willie Francis. Se le aplicaron varias
descargas pero finalmente el personal de la cárcel decidió suspender la
ejecución porque ya no soportaban los pedidos de piedad y los gritos del
condenado. Investigaciones posteriores descubrieron que la silla había sido
mal instalada por un ayudante ebrio.
El caso fue llevado a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Los
abogados del criminal argumentaban que Francis fue ejecutado tal como
ordenaba la sentencia judicial. El argumento fue rechazado y Francis volvió
a la silla eléctrica el año siguiente. Según testigos, por mejor que salga
la ejecución siempre se quema algo del cuerpo del reo y es desagradable
para los guardias de turno tener que separar la piel ennegrecida de los
cinturones de la silla. Muchas veces la víctima pierde el control de sus
músculos luego del primer choque eléctrico y puede empezar a orinar, defecar
o vomitar sangre. En muchos estados se votó una ley para que los reos usaran
pañales para adultos a la hora de morir.
El protocolo de electrocución de Nebraska, en actual vigencia, estipula
que se debe someter al condenado a una descarga de 2,450 voltios durante
quince segundos. Después de esto, se hace una espera de quince minutos. Luego,
un médico verifica si aún hay señales de vida. Si es así, la operación se
repite. Otras versiones dicen que la descarga inicial de 2,450 voltios se
administra durante ocho segundos, seguida de una pausa de un segundo, luego
del cual se baja a una descarga de 480 voltios que duran el lapso de veintidós
segundos. Si después de esto el condenado sigue con vida, se hace una pausa
de veinte segundos y el ciclo se repite tres veces más.
Al parecer, las contexturas físicas tiene una importancia real en
el procedimiento. En Arizona, un hombree condenado a muerte que sufría
de un sobrepeso excesivo y estaba infectado con el virus de HIV despertó
quejas y miedo entre los guardias. El personal de la cárcel temían que el
recluso explotara. El gordo se llamaba Avi Alperón y había matado a dos
cajeras del supermercado de su barrio con un arma de guerra, una subametralladora
Uzi calibre 9x19 mm, porque se burlaban de su forma de caminar. Se le ofreció
la inyección letal pero Alperón se negó. Se hizo un ajuste de energía y
la ejecución resultó satisfactoria.
A principios del 2003, el gobernador de Illinois, George Ryan, ordenó
la suspensión de la pena capital para los 167 reclusos que esperaban la
muerte en la prisión de máxima seguridad de su Estado. Ryan había llegado
la gobernación abogando, entre otras cosas, por la pena capital. Su argumento
más fuerte para discontinuar la pena fue que en los últimos veintitrés años
se habían ejecutado en su estado a trece convictos cuya inocencia fue probada
en posteriores investigaciones judiciales. Muchos de ellos pasaron por la
silla eléctrica.
15.
Según una encuesta realizada en 1992, más del cuarenta por ciento
de los médicos consultados en todo el país admitió que participaría en
el procedimiento de inyección letal.
16.
Hace un par de años, una amiga, que estaba haciendo un doctorado en
París, volvió a Buenos Aires después de casi tres años de ausencia acompañada
por su novio de ese momento. El tipo era holandés. No recuerdo su nombre.
Cenamos juntos en mi casa y el holandés me contó la historia de los hermanos
Mugel. Es la mejor historia que conozco sobre la silla eléctrica.
Los Muguel eran unos mellizos alemanes que estaban locos. Habían nacido
en 1950 en el seno de una familia berlinesa arrasada por la guerra. No habían
conocido a su padre y su madre, imposibilitada de criarlos, los envió a
un orfanato donde crecieron y pasaron la mayor parte de su infancia. Rápidamente
los hermanos Mugel demostraron interés por la matemática y la física. Sus
aptitudes para las ciencias aplicadas se volvieron evidentes. En su adolescencia
ambos se transformaron en fanáticos de la electricidad, pero ejercieron
ese fanatismo de maneras diferentes.
Cuando cumplió la mayoría de edad, y después de fracasar como estudiante
de astronomía, Fineas se mudó a Los Ángeles y fundó una secta conocida como
Los hermanos eléctricos. No mucho después, Víctor, más tímido y reservado,
consiguió su título de ingeniero. Trabajó un tiempo en una compañía petrolera
y se casó dos veces. Sus dos matrimonios fueron fracasos rotundos. Su segunda
mujer incluso llegó a apuñalarlo mientras dormía. Las prostitutas lo odiaban.
En Los Ángeles, Fineas tuvo problemas con las drogas. Estuvo preso
un par de meses por venta y consumo de heroína. Por otra parte, una de las
actividades centrales en la agenda de Los hermanos eléctricos era electrocutar
animales. Su lema era simple: lo único verdadero y puro en el universo era
la electricidad. Después de una fiesta que terminó con un incendio y algunos
heridos, Los hermanos eléctricos fueron tildados de satanistas y Fineas tuvo
que volver a Alemania. Se encontró con su hermano en Hamburgo.
A fines de los setenta, con sus vidas destruidas pero con su pasión
por la electricidad intacta, los hermanos Mugel decidieron auto-electrocutarse.
Curiosamente la idea fue sugerida por Víctor. Según la carta suicida que
dejaron, estaban cansados de vivir y querían fundirse eternamente con la
electricidad. Aunque no habían sido del todo desdichados, aseguraban que el
único proyecto que los entusiasmaba era la electrocución. En base a bocetos
y fotografías, construyeron dos réplicas exactas de "Old Sparky", la silla
eléctrica que se puede visitar en el museo de la penitenciaría Moundsville
en el Estado de Virginia Occidental. Cada uno armó por separado y según sus
gustos su propio generador de energía. Una madrugada en que la ciudad estaba
a oscuras, se dieron corriente mutuamente. El ritual fue silencioso. Nadie
encontró sus cuerpos que se momificaron en el altillo del galpón portuario
que alquilaban.
La carta que dejaron –me señaló el holandés novio de mi amiga– fue
tomada como manifiesto vitalista por los artistas alemanes de la década
del ochenta. Jóvenes punks de toda Europa pintaron la frase "El futuro es
la electricidad" a ambos lados del muro de Berlín. Claro que cuando me
contó esta historia, el holandés señaló enfáticamente que el significado
cambiaba mucho si la frase se leía del lado occidental o del lado oriental
del muro. Remarcar ese detalle me resultó acertado.
Hay uno que musicaliza los poemas de Carmelo Villaflor,
tiene cierto éxito, y logró la aceptación del propio poeta. Este cantante,
Dante Winograd, se las arregla bastante bien con su guitarra, y su voz,
que canta las melodías que le han sido impuestas a la letra, empata bastante
bien con la intención central de la poesía de Villaflor: una esencialidad
aparente, ilusión de profundidad que conmueve al lector novato, monogenérico,
idólatra. Este soporte, este armado interno de cada letra, es a su vez el
límite que encuentra Winograd para expresarse. ÉL mismo admirador de Villaflor
y promotor de sus hazañas, aparece en un segundo plano, no por virtud de
modestia sino por defecto de subsidiariedad. Me parece que si Winograd
se decidiera por otro/s poeta/s, o escribiese sus propias letras, recién
podríamos enterarnos de las verdaderas posibilidades de este solista que,
hasta nuevo aviso, ponemos entre paréntesis.
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___________________________________________________________________________ 4/
Hermanos Grimm Hans enamorado
Traducción: David Wapner y Ana Camusso (*)
—¿A dónde vas tan apurado, Hans?—, dijo su madre.
—A visitar a Grettel.
—Pórtate bien, entonces.
—Muy bien. Adiós, madre.
Y Hans llegó a lo de Grettel:
—¡Buen día, Grettel!
—¡Buen día, Hans!
—¿Me trajiste algo que valga la pena?
—No, nada de nada. ¿Y tú? ¿Tienes algo bueno para mí?
Grettel le dio una aguja, que Hans tomó y clavó en un atado de ropa:
—¡Adiós, Grettel!
—¡Adiós, Hans!
Y Hans llegó a su casa con el atado y la aguja:
—¡Buen noches, madre!
—Buenas noches, Hans! ¿En dónde estuviste?
—En lo de Grettel.
—¿Y qué le llevaste?
—Nada de nada.
—¿Y qué te dio ella?
—Una aguja.
—¿Y dónde está la aguja, Hans?
—Clavada en este atado de ropa.
—¡Pero, hijo, qué torpe! ¡Debiste haberla hincado en tu manga!
—¡Basta! La próxima vez lo haré mejor.
—¿Y ahora, adónde te vas?
—A ver a Grettel, madre.
—Portate bien.
Y Hans fue a lo de Grettel:
—¡Buen día, Grettel!
—¡Buen día, Hans!.
—¿Qué me has traído?
—Nada, nada, ¿y tú?, ¿hay algo para mí?
Grettel le dio un cuchillo, que Hans agarró y clavó en una manga:
—¡Adiós, Grettel!
—¡Adiós, Hans!
Y Hans regresó a su casa:
—¡Buenas noches, madre!
—¡Buenas noches, Hans! ¿En dónde has estado?
—En lo de Grettel.
—¿Qué le llevaste de obsequio?
—Nada, nada.
—¿Y qué te dio ella?
—Un cuchillo.
—¿Dónde está el cuchillo, Hans?
—Clavado en mi manga, madre.
—¡Pero qué ganso! Lo hubieras guardado en tu faltriquera, hijo.
—¡Déjame en paz! La próxima vez lo haré mejor.
—¿Y a dónde te vas ahora?
—A ver a Grettel.
—Portate bien.
—Muy bien. ¡Adiós, madre!
Y Hans volvió a lo de Grettel:
—¡Buen día, Grettel!
—¡Buen día, Hans!
—¿Y, me trajiste algo, Hans?
—No: ¿y para mí hay algo, Grettel?
Grettel le dio un cabrito; que Hans recibió, ató con una cuerda, guardó
dentro de su faltriquera, matándolo por asfixia.
—¡Adiós Grettel!
—¡Adiós, Hans!
Y Hans regresó a su casa:
—¡Buenas noches , madre!
—¡Buenas noches, Hans! ¿En dónde estuviste?
—En lo de Grettel, madre?
—¿Le obsequiaste algo?
—Nada de nada.
—¿Y ella te dio alguna cosa?
—Me dio un cabrito.
—¿Dónde está el cabrito?
—En mi faltriquera.
—¡Pedazo de tarambana! ¡Debiste haberlo conducido ceñido de una cuerda!
—¡No importa, madre, la próxima vez lo haré mejor!
¿Y adónde vas ahora, Hans?
—A lo de Grettel, madre.
—Pórtate bien.
—Más que bien, madre, ¡adiós!
Y Hans regresó a los de Grettel:
—¡Buen día, Grettel!
—¡Buen día, Hans!
—¿Qué me has traído?
—Nada, Grettel, ¿y para mí?, ¿tienes algo?
Grettel le dio a Hans una hoja de tocino, que Hans recibió y sujetó
a un cordel:
—¡Adiós Grettel!
—¡Adiós, Hans!
Con su tocino atado que llevaba a la rastra, Hans emprendò el regreso.
En el camino, un perro que lo seguía se lo fue comiendo hasta no dejar nada.
Y Has llegó a su casa:
—¡Buenos noches, madre!
—¡Buenas noches, Hans! ¿En dónde anduviste?
—En lo de Grettel.
—¿Y le diste algo?
—Nada de nada.
—¿Y ella qué te dio?
—Una hoja de tocino.
—¿Dónde está el tocino, Hans?
—Estaba atado a una cuerda, pero, vaya uno a saber por qué, se consumió.
—¡Pero si serás tonto, Hans, debiste haberlo traído sobre tu cabeza!
—No te preocupes, madre, la próxima vez lo haré mejor.
¿Y ahora, adónde vas?
—A lo de Grettel.
—Cuidate.
—Muy bien, madre: adiós.
Y así Hans de nuevo estuvo en lo de Grettel:
—¡Buen día, Grettel!
—¡Buen día, Hans! ¿Qué me trajiste?
—Nada: ¿tienes algo para mí?
Grettel le dio un becerro, y mientra Hans lo acomodaba sobre su cabeza,
el animal le propinó una patada en la cara.
—¡Buenas noches, madre!
—¡Buenas noches, Hans! ¿Dónde estuviste?
—En lo de Grettel.
—¿Le diste algo?
—Nada.
—¿Y ella, qué te dio?
—Un becerro.
—¿Dónde está el becerro, Hans?
—Lo puse sobre mi cabeza y me lastimó la cara.
—Grandísimo bobo, debiste haberlo conducido a casa y guardado luego
en el establo.
—Está bien, madre, la próxima vez lo haré mejor,
—¿Y ahora, adónde vas, Hans?
—A verla a Grettel.
—Ojo, portate bien.
—¡Adiós, madre!
Y Hans se presentó en lo de Grettel:
—¡Buen día, Grettel!
—¡Buen día, Hans! ¿Qué me trajiste?
—Nada de nada, ¿y tú, tienes algo para mí?
—Sí: me voy a tu casa.
Hans sujetó el cuello de Grettel con una cuerda, la condujo hasta el
establo, y ahí la dejó atada.
—¡Buenas noches, madre!
—¡Buenas noches, Hans! ¿En dónde estuviste?
—En lo de Grettel.
—¿Y qué te dio esta vez?
—Esta vez fue ella la que vino.
—¿Y en dónde la pusiste?
—En el establo, entre el heno, bien guardadita.
—¡Pero si serás imbécil! ¡Lo que debiste hacer era tratarla bien y
cuidarla!
Entonces Hans volvió al establo, pero Grettel, muerta de la rabia,
había huido: aún así, sigue siendo su novia.
(*) ("Hans
in love"; segunda parte de la saga "Hans and his wifw Grettel"; versión
al castellano de David Wapner y Ana Camusso, a partir de la edición de
Penguin Popular Classics (1996), la cual reproduce el texto de la primera
edición inglesa ("Grimm's Fairy Tales", en tres volúmenes (1823-1836),
traducido del original alemán por Edgar Taylor).
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___________________________________________________________________________ 5/
"Tengo una pereza fenomenal", dijo Vincent "Turbo" Gloster, en inglés
apenas audible e insinuó unos acordes espaciados el uno del otro, que transmitían
sopor, pero que al mismo tiempo obligaban a prestar atención, porque la
opción era dormir o entender. En el priner tema, cuyo nombre no figuraba
en la memoria de los espectadores, a Gloster se le escapó algo así como
un "treft, oh, treft." En la siguiente, podría jurar que oí algo semejante
a un "lu, oh, lu". Luego vinieron cuatro o cinco canciones, baladas, vaya
uno a saber, de las cuales no pude rescatar nada, no se los otros, no eran,
no fueron audibles. Al final parecía que Gloster se animaba, pero en seguida
se arrepintió, dijo que etaba muy cansado, y dio por terminado el espectáculo.
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___________________________________________________________________________ 7/
Una novela de mil páginas (*)
Capítulo 39
Página 450
Ya entrando en el pueblo, en la vereda de la derecha, a metros de "El
dinámico", se encuentra el negocio de especias de los Grandía. Está cerrado.
Pregunto cuándo abren. Me dicen que no saben. Miro mi reloj: las once y media.
¿Y adónde viven los Grandía? Me miran.
Página 451
Andrada, Andrada, qué te dice ese nombre. Nada, porque no lo conociste.
Yo tampoco, pero, al contrario de vos, me impresiono cada vez que lo oigo
nombrar. Cada vez más, Andrada avanza, y vos no te das cuenta.
Página 452
Ataca el perro a los tobillos, cae Hugo. Vienen los dueños, lo sujetan,
le dan de morder un palo, Hugo zafa, pero maltrecho.
¿Qué pasó? ¿Cómo es que no pudieron detenerlo? ¿Adónde estaban todos?
Justo, se largó a llover.
Página 453
Estoy desconsolado: ya no veo como antes, y no digo el año pasado,
sino ayer: ayer veía bien, claro como el demonio, grande como un casi-mundo.
¿Qué me ha pasado desde esta mañana? Es como si hubiese abandonado mis ojos
en un lugar que no recuerdo, y en su lugar calso unos que están para tirar.
Página 454
Qué acróbata es Marcelo, está hecho para trepar con dos brazos enyesados.
¡Y tiene miedo de sentarse en esa silla! Esa broma ya me la hizo, y después
casi se mata. Quiero romperle todos los huesos.
Cómo sale de esa.
Página 455
A aquel.
Página 456
Detrás de esa pared, Sebastián Barilaro carga. Ni situaciones tan rengas
como esta lo muestran con un sólo pelo erizado. El mar ha hecho su trabajo,
pero no tanto como los desvelos de ese recurso infinito, un trapo capaz
de renovarse por sí mismo.
Página 457
¿Eso es rock? ¿Ese es? Se dieron cuenta de que era más fácil engatusar
a los "huevos" con preguntas. Y los huevos se tragan todo y se inflan. "Hasta
que revienten, tenemos tiempo."
Página 458
Oh, no puedo soportar ni siquiera lo que Marmer piensa en secreto,
no puedo sostenerme en pie sin esos pensamientos malos que me sostienen,
Marmer y su máquina de especular, qué me viene con gestos, yo, cierro los
ojos, para no sentirme afectado, aquel, Marmer, en la facultad de medicina,
¡respondiendo a todas las preguntas que yo no se responder!: y cómo están
las "manos menos contaminadas del mundo". Yo, así creo, puedo morir hecho
papilla.
Página 459
Daniel, Daniel del Buono, arquitecto, hijo de Teófilo, panadero, autor
de un libro de poemas que no nos atrevemos a mostrar.
(*) En Junio estará
en la calle "Una novela de mil páginas" completa, editada por Editorial
Siesta, de modo que los 61 capítulos restantes podrán leerse allí.
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___________________________________________________________________________ 8/
Recital
"Freddy y sus guitarras en aceite": parece el nombre de un elenco
cómico, o de una banda retrotonta de los años 80. Pero no, se trata de
un trío experimental de guitarras eléctricas cuyas cuerdas han sido empapadas
en aceite, pero no solo el encordado sino el instrumento todo. y las manos
y plectros de los músicos también. ¿Y qué sale de todo esto? Si agregamos
que, en un momento de su presentación, un asistente les hace beber aceite
(¿de qué tipo?) a los cantantes, los tres integrantes del exeperimento,
podemos decir que hemos asistido a una reinvención "encarnada" de la técnica
del slide, más efectista que inteligente. De efectismos ya estamos hasta a
vejiga. Para colmo sufrimos de uretritis.
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___________________________________________________________________________ 12/ Visiones Mardafones: V E
N T I L A R D O Duración:
03:13:10 Dibujos: Ana Camusso Animación: Ana Camusso y David Wapner Música original y banda de sonido digital: David Wapner Plugin: QuickTime (bajarlo en forma gratuita, en caso de ser
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